La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Y dicho esto la marejada pasó. Fix había quedado por el suelo, y se levantó con la ropa destrozada, pero sin daño de cuidado. Su paletot de viaje se había rasgado en dos trozos desiguales, y su pantalón se parecía a esos calzones que ciertos indios —cosas de moda— no se ponen sino después de haberles quitado el fondo. Pero, en suma, la princesa Aouda se había librado y Fix era el único que había salido con su puñetazo.
—Gracias —dijo el señor Fogg al inspector tan luego como estuvieron fuera de las turbas.
—No hay de qué —respondió Fix—, pero venid.
—¿Adónde?
—A una sastrería.
En efecto, esta visita era oportuna. Los trajes de Phileas Fogg y de Fix estaban hechos jirones, como si esos dos caballeros se hubieran batido por cuenta de los honorables Kamerfield y Modiboy.
Una hora después, estaban convenientemente vestidos y cubiertos. Y luego, regresaron al hotel Internacional.
Allí Picaporte esperaba a su amo, armado con media docena de revólveres puñales de seis tiros y de inflamación central. Cuando vio a Fix, su frente se oscureció. Pero la princesa Aouda le hizo una relación de lo acaecido, y Picaporte se tranquilizó. A todas luces, Fix no era ya enemigo, sino aliado, y cumplía su palabra.