La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Terminada la comida, trajeron un coche para conducir a los viajeros y el equipaje a la estación. Al montar, el señor Fogg dijo a Fix:
—¿No habéis vuelto a ver a ese coronel Proctor?
—No —respondió Fix.
—Volveré a América para buscarlo —dijo con frialdad Phileas Fogg—. No serÃa conveniente que un ciudadano inglés se dejase tratar de esta suerte.
El inspector sonrió y no respondió. Pero, como se ve, el señor Fogg pertenecÃa a esa raza de ingleses que, si no toleran el duelo en su paÃs, se baten en el extranjero cuando se trata de defender su honra.
A las seis menos cuarto los viajeros llegaron a la estación, donde estaba el tren dispuesto a marchar.
En el momento en que el señor Fogg iba a entrar en el vagón, se dirigió a un empleado, diciéndole:
—Amigo mÃo, ¿no ha habido algunos disturbios hoy en San Francisco?
—Era un mitin, caballero —respondió el empleado.
—Sin embargo, he creÃdo observar alguna animación en las calles.
—Se trataba solamente de un mitin organizado para una elección.
—¿La elección de algún general en jefe, sin duda? —preguntó el señor Fogg.
—No, señor; de un juez de paz.