La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Desde este punto, la vía férrea, costeando el río Humboldt, se elevó durante algunas millas hacia el Norte, siguiendo su curso; después torció al Este, no debiendo ya separarse de ese río, antes de llegar a los montes Humboldt, donde nace casi en la extremidad oriental del estado de Nevada.
Después de haber almorzado, el señor Fogg, la princesa Aouda y sus compañeros volvieron a sus asientos. Phileas Fogg, la joven Aouda y sus compañeros, confortablemente instalados, miraban el paisaje variado que se presentaba a la vista; vastas praderas, montañas que se perfilaban en el horizonte, torrentes que rodaban sus aguas espumosas. De vez en cuando aparecía, en masa dilatada, un gran rebaño de bisontes, cual dique movedizo. Esos innumerables ejércitos de rumiantes oponen a veces un obstáculo insuperable al paso de los trenes. Se han visto millares de ellos desfilar, durante muchas horas, en apiñadas hileras cruzando los rieles. La locomotora tiene entonces que detenerse y aguardar que la vía esté libre.
Y eso fue lo que en aquella ocasión aconteció. A las tres de la tarde, la vía quedó interrumpida por un rebaño de diez o doce mil cabezas. La máquina, después de haber amortiguado la velocidad, intentó introducir su espolón en tan inmensa columna, pero tuvo que detenerse ante la impenetrable masa.