La vuelta al mundo en 80 días
La vuelta al mundo en 80 días Daban entonces las siete. Se ofreció a mister Fogg la suspensión del juego para que pudiera hacer sus preparativos de marcha.
-¡Yo siempre estoy preparado! -Respondió el impasible caballero; y dando las cartas, exclamó--: Vuelvo oros. A vos os toca salir, señor Stuart.
A las siete y veinticinco, Phileas Fogg, después de habei- ganado unas veinte guineas al whist, se despidió de sus honorables colegas y abandonó el ReformClub. A las siete y cincuenta abría la puerta de su casa y entraba.
Picaporte, que había empezado a estudiar concienzudamente su programa, quedó sorprendido al ver a mister Fogg culpable de inexactitud acudir a tan inusitada hora, pues, según la nota, el inquilino de Saville-Row no debía volver sino a medianoche.
Phileas Fogg había subido primero a su cuarto y luego llamó.
-Picaporte no respondió, porque no creyó que pudieran llamarlo. No era la hora.
-Picaporte -repuso mister Fogg sin gritar más que antes.
Picaporté apareció.
-Es la segunda vez que os llamo --dijo el señor Fogg.
