La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Es la estación inmediata, y allà llegará el tren dentro de una hora; se detendrá diez minutos, durante los cuales se pueden disparar algunos tiros.
—Bajaré en la estación de Plum Creek.
—Y creo que allà os quedaréis —añadió el americano con sin igual insolencia.
—¿Quién sabe, caballero? —respondió el señor Fogg, y entró en su vagón tan calmoso como de costumbre.
Allà el caballero comenzó por tranquilizar a la princesa Aouda, diciéndole que los fanfarrones no eran nunca de temer. Después rogó a Fix que le sirviera de testigo en el encuentro que se iba a verificar. Fix no podÃa rehusarse y Phileas Fogg prosiguió, tranquilo, su interrumpido juego, echando espadas con perfecta calma.
A las once, el silbato de la locomotora, anunció la aproximación a la estación de Plum Creek. El señor Fogg se levantó, y, seguido de Fix, salió a la galerÃa. Picaporte le acompañaba, llevando un par de revólveres. La princesa Aouda se habÃa quedado en el vagón, pálida como una muerta.
En aquel momento, se abrió la puerta del otro vagón, y el coronel Proctor apareció también en la galerÃa, seguido de su testigo, un yanqui de su temple. Pero, en el momento en que los dos adversarios iban a bajar a la vÃa, el conductor acudió gritando:
—No se baja, señores.