La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —¿Y por qué? —preguntó el coronel.
—Llevamos veinte minutos de retraso, y el tren no se para.
—Pero tengo que batirme con el señor.
—Lo siento —respondió el empleado—, pero marchamos al punto. ¡Ya suena la campana!
La campana sonaba, en efecto, y el tren prosiguió su camino.
—Lo siento muchÃsimo, señores —dijo entonces el conductor—. En cualquier otra circunstancia hubiera podido serviros. Pero, en definitiva, puesto que no habéis podido batiros en esta estación, ¿quién os impide que lo hagáis aquÃ?
—Eso no convendrá tal vez al señor —dijo el coronel Proctor con aire burlón.
—Eso me conviene perfectamente —respondió Phileas Fogg.
—Decididamente estamos en América —pensó para sà Picaporte—, y el conductor del tren es un caballero de buen mundo.
Y pensando esto, siguió a su amo.
Los dos adversarios y sus testigos, precedidos del conductor, se fueron al último vagón del tren, ocupado tan sólo por unos diez viajeros. El conductor les preguntó si querÃan dejar un momento libre sitio a dos caballeros, que tenÃan que arreglar un negocio de honor.