La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Varios viajeros, gravemente heridos de bala o de rompecabezas, yacÃan sobre las banquetas.
Era necesario acabar. La lucha llevaba diez minutos de duración, y tenÃa que terminar en ventaja de los sioux si el tren no se paraba. En efecto, la estación de Fuerte Kearney no estaba más que a dos millas de distancia, y una vez pasado el fuerte y la estación siguiente, los sioux serÃan dueños del tren.
El conductor se batÃa al lado del señor Fogg, cuando una bala lo alcanzó. Al caer exclamó:
—¡Estamos perdidos si el tren tarda cinco minutos en pararse!
—¡Se parará! —dijo Phileas Fogg, que quiso echarse fuera del vagón.
—Estad quieto, señor —le gritó Picaporte—. Yo me encargo de ello.
Phileas Fogg, no tuvo tiempo de detener al animoso muchacho, que, abriendo una portezuela, consiguió deslizarse debajo del vagón. Y entonces, mientras la lucha continuaba y las balas se cruzaban por encima de su cabeza, recobrando su agilidad y flexibilidad de clown, arrastrándose colgado por debajo de los coches, y agarrándose, ora a las cadenas, ora a las palancas de freno, rastreándose de uno a otro vagón, con maravillosa destreza, llegó a la parte delantera del tren sin haber podido ser visto.