La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas Al dÃa siguiente, el señor Fogg lo llamó y le recomendó, en breves, y concisas palabras, que se ocupase del almuerzo de Aouda, pues él tendrÃa bastante con una taza de té y una tostada, y que la joven le dispensara por no poderla acompañar tampoco a la comida pues tenÃa que consagrar todo su tiempo a ordenar sus asuntos. Sólo por la noche tendrÃa un rato de conversación con la princesa Aouda.
Enterado Picaporte del programa de aquel dÃa, no tenÃa otra cosa que hacer sino conformarse. Contemplaba a su amo siempre impasible, y no podÃa decidirse a marcharse de allÃ. Su corazón estaba apesadumbrado, y su conciencia llena de remordimientos, porque se acusaba más que nunca de ese irreparable desastre. Si hubiera avisado al señor Fogg, si le hubiera descubierto los proyectos del agente Fix, aquél no hubiera, probablemente, llevado a éste a Liverpool, y entonces…
Picaporte no pudo contenerse, y exclamó:
—¡Amo mÃo! ¡Señor Fogg! Maldecidme. Yo tengo la culpa de…
—A nadie culpo —exclamó Phileas Fogg, con el tono más calmoso—. Andad.
Picaporte salió del cuarto, y se reunió con Aouda, a quien dio a conocer las intenciones de su amo.
—¡Señora —añadió—, nada puedo! No tengo influencia alguna sobre mi amo. Vos, quizá…