La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —SÃ. Un francés llamado Picaporte.
—¿VenÃs de Londres?
—SÃ.
—¿Y vais adónde?
—A Bombay.
—Bien. Ya sabéis que la formalidad del visado no es necesaria, y que ya no exigimos la presentación del pasaporte.
—Ya lo sé, señor —respondió Phileas Fogg—, pero deseo conste mi paso por Suez.
—Como gustéis.
Y el cónsul, después de haber firmado y fechado el pasaporte, lo selló. El señor Fogg pagó los derechos; y, después de haber saludado con frialdad, salió seguido de su criado.
—¿Y bien? —preguntó el inspector.
—Y bien —respondió el cónsul—, tiene trazas de un perfecto hombre de bien.
—Posible —respondió Fix—, pero no se trata de esto. ¿No os parece, señor cónsul, que ese flemático caballero se parece rasgo por rasgo al ladrón cuyas señas tengo?
—Convengo en ello: pero ya sabéis, todas las señas…