La vuelta al mundo en 80 dÃas
La vuelta al mundo en 80 dÃas —Lo mismo que vos, a Bombay.
—Mucho mejor. ¿Habéis hecho ya este viaje?
—Muchas veces —respondió Fix—. Soy agente de la CompañÃa Peninsular.
—Entonces, ¿conocéis la India?
—Pero… si… —respondió Fix, que no querÃa aventurarse mucho.
—¿Y es curioso este paÃs?
—Muy curioso. Mezquitas, minaretes, templos, faquires, pagodas, tigres, serpientes, bayaderas. Pero debemos esperar que tendréis tiempo de visitarlo.
—Asà lo espero, señor Fix. ¡Ya comprenderéis que no es permitido a un hombre de entendimiento sano pasar la vida saltando de un vapor a un ferrocarril, y de un ferrocarril a un vapor, con el pretexto de dar la vuelta al mundo en ochenta dÃas! No, toda esta gimnasia terminará en Bombay, no lo dudéis.
—¿Y se encuentra bien el señor Fogg? —preguntó Fix con el acento más natural del mundo.
—Muy bien, señor Fix. Y yo también, por cierto. Como lo mismo que un ogro en ayunas. Es el aire del mar.
—Pero nunca veo a vuestro amo sobre el puente.
—Nunca. No es curioso.