Las Indias Negras
Las Indias Negras Quizá estuvieran cometiendo una imprudencia en internarse tanto. Pero llevados por el entusiasmo, ninguno pensaba en la vuelta. No había interrupciones en el camino ... y los expedicionarios siguieron caminando por espacio de más de una hora, aun sin tener una orientación exacta de la ruta seguida en aquel túnel desconocido. Y hubiesen continuado la marcha, a no ser porque la galería terminaba en una inmensa caverna de la altura y profundidad incalculables.
¿Qué elevación tendría aquella profunda excavación? ... ¿A qué distancia se hallaría la pared opuesta?. . . La oscuridad reinante no permitía ni intentar descubrirlo. La escasa luz de la lámpara dejaba ver una gran extensión de agua tranquila; era un estanque o lago, de pintorescas orillas, formadas por la irregular superficie de rocas que se perdía en las tinieblas.
-¡Alto! -exclamó Simon Ford-. ¡Si seguimos un paso mas nos despeñaremos al fondo del abismo!
-Mejor será que descansemos, amigos míos -dijo el ingeniero-. Creo que ya es hora de pensar en el regreso a la cabaña.
-Tenemos luz para diez horas más, señor Starr -intercaló Harry.