Las Indias Negras
Las Indias Negras -¡Es de la mejor calidad! -dijo-. Llévalo a casa, Simon. Quiero verlo arder en nuestra chimenea esta noche.
-Tienes razón -respondió el viejo minero-. ¡Ya veras como no me he equivocado!
-Señor Starr -interrumpió Harry-. ¿Tiene usted idea de la dirección en que hemos recorrido la galería ... ? ¿Se puede orientar desde la entrada de la nueva mina ... ?
-No, hijo mío -respondió el ingeniero-. Quizá con una brújula podría hacerlo, pero sin ella, estoy a ciegas. Como un marino en medio del mar, entre la bruma, sin poder orientarse por el sol o las estrellas
-Sí. . ., no hay duda -intercaló Simon-. Pero le ruego que no nos compare con los marinos, que siempre tienen una inmensidad de espacio bajo sus pies. Porque nosotros estamos en tierra firme y nunca corremos el riesgo de podernos ir a pique.
-Bueno, está bien -respondió James Starr-. No voy a contradecirlo. Nada está más lejos de mi imaginación que despreciar la Nueva Aberfoyle con comparaciones injustas. Lo único que quise manifestar es que no sabemos dónde estamos. . .
-Pues estamos en el subsuelo de Stirling, señor Starr. Yo aseguro que. . .
-¡Oigan! -gritó Harry interrumpiendo a su padre.