Las Indias Negras
Las Indias Negras -Tiene razón, señor Starr -agregó Harry.
-Además -continuó Starr-, afuera es tan malo el tiempo que las aguas del lago deben estar más revueltas que las del golfo de Forth.
-Bueno ... ¿Y qué importancia tiene esto? –preguntó Simon-. El carbón no ha de ser peor porque se encuentre debajo de un lago. Total, no sería la primera vez que se busca carbón aun debajo del mismo océano. Porque... ¿acaso habría algún inconveniente en buscar las vetas bajo los abismos del canal del norte ... ?
-¡Muy bien dicho, Simon! -exclamó el ingeniero, sin poder ocultar una sonrisa por el entusiasmo evidenciado por el minero-. ¡Llevaremos nuestras galerías hasta debajo de las aguas del mar, dejaremos como espumadera el lecho del Atlántico y nos uniremos abriendo el camino a pico y pala, con nuestros hermanos de los Estados Unidos ... y si es preciso llegaremos al centro de la tierra para extraer el último trozo de hulla.
-Señor Starr. . ., usted lo está tomando a broma -rezongó Simon.