Las Indias Negras
Las Indias Negras El pajarraco se detuvo en la subida ... y luego cayó sobre él con verdadero ensañamiento. Harry sólo podía defenderse con el brazo derecho. El animal arremetió a picotazos y el joven a su vez atacaba como podía. El movimiento de la cuerda no le permitía tener precisión en sus golpes, siéndole imposible herir al animal. La lucha se prolongaba y Harry gritó con fuerza en la esperanza que le oyeran..., pero quedaban todavía unos ochenta pies hasta llegar. El pajarraco, que parecía dotado de inteligencia casi humana, pareció comprender la maniobra. Abandonó entonces el ataque directo y la emprendió a picotazos con la cuerda, intentando romperla, a más de dos pies de la cabeza de Harry, lo que hacia imposible que éste pudiera darle alcance en su brazo.
Uno de los cabos cedió ... y estaban a más de cien pies del fondo del abismo ; luego se rompió otro cabo.
Con un esfuerzo sobrehumano, Harry, que había soltado el cuchillo, logró asirse a la punta de la cuerda en el preciso momento en que ésta cedía por completo.
Sus puños eran de hierro, pero soportando el peso de los dos cuerpos resultaba imposible continuar en esa posición. Sentía que la soga iba deslizándose por su mano... ; grito con mas fuerza... el ave había cesado en el ataque, pero se sentía desfallecer. . ., cerró los ojos esperando lo que parecía inevitable ...