Las Indias Negras
Las Indias Negras Jack Ryan aprovechó la rara apariencia para compararla con algún duende de los que poblaban su frondosa imaginación. La luz molestaba notoriamente a los ojos de la niña, que procuraba abarcar todo con la mirada, como si fuesen novedades para ella. Madge fue quien dirigió primero la palabra a la criatura. Esta se movió en su lecho y pareció volver a la vida, como quien despierta de un largo sueño.
-¿Cómo te llamas? -preguntó la mujer del viejo minero. Como en un susurro se oyó su voz que contestaba:
-Nell. . .
-Y... dime, Nell. . ., ¿cómo te sientes. . . ?
-Tengo mucha hambre - musitó la niña -. No he comido desde. . ., desde ...
Se notaba que la jovencita no estaba acostumbrada a hablar. Las palabras que usaba pertenecían al antiguo dialecto de Gaélica, esa lengua que alguna vez también habían usado Simon Ford y los suyos. Madge no tardó en darle algunos alimentos, que la niña comió con avidez.
¿Desde cuándo estarla en el fondo de aquel pozo? Por el momento nadie podía decirlo.