Las Indias Negras
Las Indias Negras -Harry -preguntó el sacerdote-, ¿quieres tomar por esposa a Nell y juras amarla siempre ...?
-Sí; juro -respondió con energía el joven.
-Y tú, Nell; quieres a Harry Ford por esposo y, ... La frase no fue terminada porque un estruendo resonó afuera. Una de las grandes rocas que estaban a orillas del lago, a cien pasos de la capilla, se precipitó sin que mediara ninguna explicación aparente. Las aguas desalojadas corrieron hacia una profunda excavación que nadie sabía que existiese. De inmediato, una lancha apareció vigorosamente impulsada sobre la superficie del lago. En esa embarcación iba de pie un anciano, vestido con un oscuro hábito, con larga barba y cabellos en desorden. Llevaba en la mano una lámpara de seguridad. De pronto comenzó a gritar:
-¡Maldicion para todos... el carburo..., el carburo... ! ¡Maldición...!
En ese mismo instante se sintió el característico olor del hidrógeno protocarbonado. La caída de la enorme piedra daba paso a gran cantidad del peligrosísimo gas encerrado en los esquistos. El viejo conocía esos depósitos y había abierto la brecha para hacer explosiva la atmósfera de la cripta. James Starr y algunos otros salieron precipitadamente de la capilla.