Las Indias Negras
Las Indias Negras -¡No! ¡No! - repetÃa insistentemente -. ¡La mina no puede estar agotada!
Y habrÃa tomado una actitud bastante errónea quien, frente al viejo Simon Ford, hubiera declarado que Aberfoyle no resucitarÃa algún dÃa de entre los muertos. Nunca habÃa podido abandonar la idea de descubrir alguna vez una nueva veta, que devolviera a la mina su pasado esplendor. Con gusto habrÃa retomado el pico de minero, y sus viejos brazos, sólidos aún, hubieran atacado la roca con vigor creciente. Por ello atravesaba las oscuras galerÃas, a veces solo y otras con su hijo, observando, buscando, hasta retornar cada dÃa agotado, pero lleno de esperanzas.
La digna compañera del viejo Simon Ford era Madge, alta y fuerte, una verdadera "goodwife", siguiendo la expresión escocesa para designar a la buena esposa. Como su propio marido de ella, no habÃa querido abandonar Dochart, y le impulsaba a continuar buscando, le daba valor y le hablaba con cierta gravedad que entusiasmaba al minero.
-Aberfoyle no está más que dormido, Simon - le decÃa -. Tú eres quien tiene razón. ¡No está muerto!
Madge sabÃa pasarse perfectamente sin el mundo exterior, y vivÃa muy feliz con su marido y su hijo en el sombrÃo "cottage". A esta casa llegó James Starr.