Las Indias Negras
Las Indias Negras -Mi mujer se encuentra mejor que yo, ¡si ello es posible! Y es feliz al pensar que usted compartirá nuestra mesa -repuso Simon.
-Estupendo -exclamó James Starr, a quien el anuncio de un buen almuerzo no podÃa dejar indiferente, tras su larga caminata.
-¿Tiene apetito, señor?
-¡Positivamente, hambre!... El viaje me lo ha despertado, ¡y hemos tenido un tiempo terrible!
-Ah, ¿llueve allá arriba? -murmuró Simon Ford, con un marcado aire de pena.
-SÃ, y las aguas del Forth están agitadas como si fueran un mar.
-Y bien, señor James, ¡aquà nunca llueve! Pero no le voy a pintar las ventajas que usted conoce perfectamente bien. Ya ha llegado a mi casa, y eso es lo más importante. ¡Sea bienvenido!