Las Indias Negras
Las Indias Negras El ingeniero demostró tener muy buen apetito; mientras comÃan, estuvieron haciendo planes para los próximos pasos a dar. Y si no hubiese sido por la impaciencia de esperar el dÃa siguiente, James Starr habrÃa dormido como nunca en la absoluta quietud del "cottage". El nuevo dÃa llegó. Con él los preparativos para el nuevo material que utilizarÃan en los trabajos preliminares del momento, todo lo cual ocupó la mañana. Después de un suculento almuerzo, James Starr, Simon y Harry Ford y la misma Madge emprendieron el camino de la vÃspera. Además de un gran farol, Harry llevaba una lámpara de seguridad cuya luz podÃa durar hasta doce horas.
Mucho más que lo suficiente para ir y volver, aun contando con el tiempo necesario para una exploración por el interior de las galerÃas. El más entusiasmado fue siempre el viejo minero, que en cuanto llegaron quiso arremeter contra la cerrada pared provisto de una pesada palanca.
-¡Vamos! ¡Manos a la obra!...
-¡Bueno, bueno! ¡Espere un momento! -interrumpió James Starr-. Lo mejor será ver primero si todo está como lo dejamos ayer; observemos si continúa la salida de gas. . .
-Tiene razón, señor Starr. Asà como la habÃan tapado ayer, también la pueden haber obturado hoy...