Las Indias Negras
Las Indias Negras -¡Calma, Simon! ... ¡Calma! -dijo el ingeniero-. No creerá que encontraremos ya las galerÃas preparadas detrás de esa pared, ¿verdad?
-Tiene usted razón, señor Starr, pero. . ., ¡ya que hemos tenido suerte hasta ahora. . ., pues. . ., tengo todas las pretensiones posibles!
¿Por qué no ha de seguir la suerte acompañándonos... ?
Pocos momentos después la detonación de la dinamita acallaba las palabras. Un trueno y mil rezongos recorrieron las galerÃas. James Starr, Simon y Harry Ford y Madge corrieron hacia la pared dinamitada.
-¡Señor Starr! ... ¡Señor Starr! ¡Mire usted esto! ¡Tenemos la puerta abierta! ...
La comparación que hacÃa Simon Ford era bastante aproximada, ya que se abrÃa ante ellos un boquete cuya profundidad no era dado apreciar. Harry se disponÃa a entrar, cuando fue detenido por el ingeniero.
-Espera a que se purifique un poco el aire del interior -le dijo.
-SÃ; hay que cuidarse de las emanaciones perniciosas --agregó
Simon.