Las Indias Negras
Las Indias Negras Esperaron durante un cuarto de hora, con verdadera ansiedad, al cabo del cual introdujeron, atada a un largo palo, la lámpara de seguridad con el tubo metálico ligeramente entreabierto. . . y la llama siguió brillando con inmutable nitidez...
-¡Adelante, pues! -dijo el ingeniero-. ¡Adelante, Harry! Nosotros vamos detrás de ti.
El boquete era lo bastante grande como para permitir el paso de un hombre. Harry penetró por él, con la lámpara iluminando su camino. No bien traspuso el boquete, la obscuridad pareció absorberlo. Pasó un minuto. Harry no daba señales de su presencia... Starr se aproximó al agujero pero le fue imposible ver nada. ¿HabrÃa caÃdo el muchacho en algún desnivel? ¿Qué causa no permitÃa dar aviso a sus compañeros?.. . Simon Ford no soportó esa espera y cuando ya se disponÃa ir en busca de su hijo, alcanzó a distinguir un vago resplandor, que se fue haciendo cada vez más patente; de inmediato se oyó con toda claridad la voz de Harry que decÃa: