Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China Donde se van conociendo poco a poco la fisonomÃa y la patria de los personajes
—Sin embargo, es justo aceptar que la vida tiene cosas buenas —dijo uno de los invitados que tenÃa los codos sobre los brazos de su asiento de respaldo de mármol y estaba chupando una raÃz de nenúfar con azúcar.
—Y malas también, respondÃa, entre dos accesos de tos, otro que habÃa estado a punto de ahogarse con una espina de aleta de tiburón.
—Seamos filósofos, dijo entonces un personaje de más edad cuya nariz sostenÃa un enorme par de anteojos de grandes cristales, montados sobre armadura de madera. Hoy corre el riesgo de ahogarse y mañana todo pasa como pasan los sorbos de este suave néctar.
—Ésta es la vida, ni más ni menos. Esto diciendo aquel epicúreo de genio acomodaticio, se bebió una copa de excelente vino tibio, cuyo ligero vapor se escapaba lentamente de una tetera metálica.
—A mÃ, dijo otro convidado, la existencia me parece muy aceptable cuando no se hace nada y se tienen los medios de estar ocioso.
—¡Error! Repuso el quinto comensal. La felicidad consiste en el estudio y en el trabajo. Adquirir la mayor suma posible de conocimientos es buscar la dicha…
—Y llegar a saber que en resumidas cuentas no se sabe nada.
