Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China —¿No es ése el principio de la sabidurÃa?
—¿Y cuál es el fin?
—La sabidurÃa no tiene fin, respondió filosóficamente el de los anteojos. La satisfacción suprema serÃa tener sentido común. Entonces el primero de los comensales se dirigió al anfitrión que ocupaba la cabecera de la mesa, es decir, el sitio más malo, como lo exigen las leyes de la cortesÃa. El anfitrión, indiferente y distraÃdo, escuchaba, sin decir nada aquella disertación Ãnter pocula.
—Veamos, ¿qué piensa nuestro huésped de esas divagaciones entre copa y copa? ¿Encuentra la existencia buena o mala? ¿Está en favor o en contra de ella? El anfitrión estaba comiendo negligentemente pepitas de sandÃa y se contentó, por toda respuesta, con adelantar desdeñosamente los labios, como hombre quien no interesa la conversación.
—¡Pse! Dijo.
