Las Tribulaciones de un chino en China
Las Tribulaciones de un chino en China Sin embargo, aquel indiferente tenÃa, todo o más, treinta y un años, salud robustÃsima, gran caudal y un talento regularmente cultivado. Su inteligencia era más que mediana; tenÃa, en fin, todo lo que falta a tantos otros para ser uno de los felices de este mundo. ¿Por qué no lo era? ¿Por qué? La voz grave del filósofo se levantó entonces y, hablando como un corifeo del coro antiguo, dijo:
—Amigo, si no eres feliz en este mundo, es porque, hasta aquÃ, tu felicidad ha sido negativa. Sucede con la felicidad lo que con la salud; para gozar bien de ella, es preciso haber sentido su falta alguna vez. Ahora bien, tú no has estado nunca enfermo, ni has sido tampoco desdichado. Eso es lo que falta a tu vida. ¿Cómo puede apreciar la dicha quien no ha conocido la desgracia ni siquiera por un solo instante?
Hecha esta sabia observación, el filósofo alzando la copa llena de champagne de la mejor marca exclamó:
—Bebo a que se presente alguna mancha en el sol de nuestro huésped y tenga algunos dolores en su vida.
Después de lo cual, vació la copa de un trago.
El anfitrión hizo un ademán de sentimiento y volvió a caer en su apatÃa a habitual.
