Los amotinados de la Bounty
Los amotinados de la Bounty Muchas veces, el carácter receloso y violento del capitán habÃa ocasionado más de un incidente desagradable entre algunos de los oficiales y él. Sin embargo, la tranquilidad que reinaba a bordo de la Bounty, al salir el sol, el 28 de abril de 1789, no parecÃa presagiar los graves sucesos que iban a ocurrir. Todo parecÃa en calma, cuando de repente una insólita animación se propaga por todo el navÃo. Algunos marineros se acercan, intercambian dos o tres palabras en baja voz, y luego desaparecen rápidamente.
¿Es el relevo de la guardia de la mañana? ¿Algún accidente imprevisto se ha producido a bordo?
—Sobre todo no hagan ruido, mis amigos —dijo Fletcher Christian, el segundo de la Bounty—. Bob cargue su pistola, pero no tire sin mi orden. Churchill, tome su hacha y destruya la cerradura del camarote del capitán. Una última recomendación: ¡Le necesito vivo!
Seguido por una decena de marineros armados de sables, machetes y pistolas, Christian se dirigió al entrepuente, luego de haber dejado a dos centinelas custodiando los camarotes de Stewart y Peter Heywood, el contramaestre y el guardiamarina de la Bounty. Se detuvo ante la puerta del camarote del capitán.
—Adelante, muchachos —dijo— ¡derrÃbenla con los hombros!
La puerta cedió bajo una vigorosa presión y los marineros se precipitaron al camarote.
