Los exploradores del siglo XIX
Los exploradores del siglo XIX Referir las deducciones ingeniosas, las suposiciones y los ensayos por medio de los cuales Grotefend llego a reconocer una escritura alfabética y a traducir en ciertos grupos los nombres que suponía ser de Dario y de Jerjes, lo cual le dio el conocimiento de muchas letras que aplicó a la lectura de nuevos nombres, seria salirnos de nuestro cuadro. Se había encontrado el método y a otros pertenecía el cuidado de completarlo y perfeccionarlo.
Sin embargo, más de treinta años transcurrieron antes de que estos estudios adquirieran un progreso notable. El erudito francés Eugenio Burnouf fue quien les hizo dar un gran paso. Aprovechando sus conocimientos en el sanscrito y el zendo, demostró que la lengua de las inscripciones de Persépolis estaban en un dialecto zendo empleado en la Bactriana, dialecto que se hablaba todavía en el siglo VI antes de nuestra era, y en el cual estaban escritos los libros de Zoroastro. La Memoria que escribió Burnouf sobre este punto es de 1836; y en la misma época un sabio alemán, Lassen, Bonn, que se había dedicado por su parte a las mismas investigaciones, llegó a idénticos resultados.
En breve fueron leídas las inscripciones que se tenían; el alfabeto se desprendía del misterio que lo había envuelto, salvo en un pequeño número de signos sobre los cuales no estaban de acuerdo los intérpretes.