Los exploradores del siglo XIX

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Sin embargo, no se tenía más que una base, y el edificio estaba lejos de hallarse concluido.

En efecto, se había observado que las inscripciones de Persépolis parecían repetidas en tres columnas paralelas. ¿No era aquélla una triple versión de la misma inscripción en las tres lenguas principales del imperio de Akemenes, el persa, el medo y el asirio o babilónico? La hipótesis era exacta; pero gracias a la interpretación de una de aquellas inscripciones se poseía un punto de comparación y se pudo proceder, como Champollion había procedido respecto de la inscripción de Roseta, que teniendo al lado una traducción griega, presentaba otras dos inscripciones en escritura demótica y en jeroglíficos.

En las otras dos inscripciones de que acabamos de hablar, se reconoció la lengua asirio caldea, que pertenece, como el hebreo, el himyarita y el árabe, a la familia semítica, y un tercer idioma que recibió el nombre de medo y que tiene alguna semejanza con el turco y el tártaro.

Extendernos en estas investigaciones seria traspasar los limites de nuestro trabajo: ésta debía ser la tarea de los sabios dinamarqueses Westergaard, de los franceses Saulcy y Oppert y de los ingleses Norris y Rawlinson, para no citar sino los más célebres, acerca de los cuales hablaremos más adelante.


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