Los exploradores del siglo XIX
Los exploradores del siglo XIX El 17 de abril la Coquille dejó aquel puerto, remontando su rumbo hacia la línea, hasta Rotuma, descubierta, pero no visitada por el capitán Wilson en 1797. Los mansos y hospitalarios, se apresuraron a facilitar a los navegantes, los refrescos de que tanta necesidad tenían. Pero, no tardó mucho en advertirse que aquellos naturales, aprovechándose de la confianza que habían inspirado, robaban una cantidad de objetos que con mucho trabajo se les hizo devolver. Diéronse órdenes muy severas, y los ladrones, sorprendidos en fragante delito, fueron azotados delante de sus camaradas, que se reían de mejor gana que los que sufrían el castigo.
Entre estos salvajes se hallaban cuatro europeos, que tiempo antes habían desertado del ballenero el Rochester. Tan ligeramente vestidos como los indígenas, tatuados y cubiertos, como ellos, de polvo amarillo, no se les podía conocer sino por su piel más blanca y su semblante más expresivo. Contentos con su suerte se habían creado una familia en Rotuma, donde contaban acabar sus días al abrigo de los cuidados, inquietudes y dificultades de la vida civilizada. Uno de ellos únicamente rogó que le permitiesen quedarse a bordo de la Coquille, lo cual le fue concedido sin dificultad por Duperrey; pero el jefe de la isla no lo permitió hasta que se le dijo que en cambio desembarcarían dos presidiarios de Puerto Jackson.