Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur cactus de doradas flores; en la espesura se escondÃan gatos monteses, llegaron a ver una garza, un mochuelo y algunos zorzales que huÃan de las garras del milano. Se veÃan pocos indÃgenas, sólo algunos pocos guasos; hijos de españoles e indÃgenas, que pasaban veloces con sus caballos, con las espuelas ensangrentadas. No se podÃa hablar con nadie ni tenÃan a quién pedir noticias de los náufragos. Glenarvan pensaba que los viajeros debieron de ser arrastrados más allá de la cordillera y se consolaba con la esperanza de hallarlos allÃ. Por ahora habÃa que seguir la marcha lo más rápidamente posible.
El 17, a la hora de costumbre, emprendieron la marcha en el mismo orden que los dÃas anteriores. Roberto, impaciente, ganaba la delantera a la yegua madrina, con gran desesperación de su mulo, por lo cual Glenarvan debió observarlo para que no se separase de su puesto. El terreno se fue haciendo más accidentado, ya se anunciaban las próximas montañas, los rÃos se multiplicaban murmurando en las pendientes. Paganel consultaba sus mapas y cuando en ellos no figuraba algún rÃo o arroyo, se indignaba graciosamente.
-Un rÃo que no tiene nombre es un rÃo que no tiene estado civil, no existe para la ley geográfica.