Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Desde aquel punto el camino se hizo más difÃcil y hasta peligroso, las pendientes fueron más pronunciadas, los picos más altos y los precipicios se ahondaron de manera espantosa. Los mulos avanzaban con precaución, con la cabeza gacha, olfateando el camino; iban en fila y, algunas veces, en un recodo, la madrina desaparecÃa y se guiaban por el ruido de sus cascabeles. Otras veces, las caprichosas vueltas del camino enfrentaban dos partes de la caravana separadas por apenas unos cuatro metros de distancia, pero con un abismo de por medio de cuatrocientos metros, de profundidad.
La vegetación disminuÃa y ya se percibÃa el triunfo del reino mineral sobre el vegetal. Algunos trozos ¿fe lava de color rojizo erizados de cristales amarillos indicaban la proximidad del volcán Antuco. Aquellas colinas torcidas, aquellas piedras inestables y las rocas acumuladas unas sobre otras en raro equilibrio, indicaban que no habÃa llegado aún la hora de la estabilidad definitiva. En esta zona es difÃcil reconocer el camino por el casi incesante cambio que lo altera, asà es que el capataz vacilaba, miraba a su alrededor buscando huellas para orientarse, lo que lograba con gran dificultad.