Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Se despidieron del capataz y de sus peones; se repartieron las armas, los instrumentos y algunos víveres entre los siete viajeros y emprendieron inmediatamente la marcha por un sendero muy escabroso por el que no hubiera podido andar una mula. Avanzaban con gran dificultad; dos horas después se hallaban en el paso de Antuco, pero los terremotos habían hecho desaparecer todo camino. Deberían, pues, elevarse por las crestas de los Andes buscando con gran fatiga los lugares libres por donde pasar. Afortunadamente el tiempo estaba sereno y la estación era favorable, ya que en invierno no hubieran podido pasar por la intensidad del frío o la violencia de los temporales que todos los años siembran de cadáveres las gargantas de la cordillera. Toda la noche subieron y subieron; se agarraban con las uñas, saltaban anchos y profundos despeñaderos y se usaban de escalones unos a otros. Aquellos hombres intrépidos parecían un grupo de equilibristas.