Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur

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-Y es rica?

-Riquísima, un verdadero manjar. Pero, ¿quién lo va a desollar?

-Yo -dijo Wilson.

-Pues entonces, yo me encargo de asarlo -replicó el geógrafo.

-¿Entiende también de cocina, señor Paganel? -preguntó Roberto.

-Por supuesto, como que soy francés. Y en un francés siempre hay un cocinero. Cinco minutos después, Paganel iniciaba su asado y al rato servía a sus compañeros un plato que denominó "filet de guanaco". Todos tomaron su parte, pero, con gran asombro del geógrafo, un gesto de repugnancia de cada uno de los comensales acompañaba el primer bocado.

-¡Qué asco!

- ¡Qué cosa tan horrible!

El pobre sabio, a pesar suyo, tuvo que aceptar que aquello era incomible, aun para hambrientos, y debió aceptar también las miradas burlonas de los que esperaban su "delicioso manjar". Se quedó pensativo, pero al poco rato halló la explicación:

-Este guanaco era incomible porque fue muerto cuando estaba muy fatigado; sólo se lo puede comer cuando se lo mata descansado.

Luego sacó la conclusión de que ese animal y toda la manada debían de venir huyendo desde lejos.


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