Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur El mayor eligió un grupo de algarrobos para armar un campamento provisional con lo poco que les había quedado: algunas mantas, las armas y algo de arroz y tasajo. A poca distancia corría un río de aguas turbias todavía por el alud. Lograron encender fuego y preparar una bebida caliente. Glenarvan se negó a tomarla, estaba tendido sobre su poncho, profundamente abatido. Llegó pronto la noche, serena como la anterior, y mientras los compañeros permanecían inmóviles, aunque no dormidos, él volvió a subir las crestas de la cordillera muy atento, esperando oír una voz que lo llamase. Trataba de apagar los latidos de su corazón para escuchar si alguien respondía a sus llamados. Solamente el eco respondía el nombre querido ¡Roberto!
¡Roberto! que durante toda la noche gritó inútilmente. Paganel y el mayor lo seguían para prestarle ayuda si fuese necesario.