Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -¡Sí! ¡Sí! -respondió Glenarvan-¡Partamos! ¡Partamos!
Y mientras esto decía su mirada se fijaba en un punto negro que parecía como una mancha en el aire. Levantó su mano y señaló.
-¡Allí! ¡allí!, ¡miren, miren!
Todas las miradas siguieron la dirección de su mano. El punto crecía visiblemente: era un ave que volaba a enorme altura.
- ¡Un cóndor! -reconoció Paganel.
-Sí, un cóndor -respondió Glenarvan-. ¡Viene! ¡Baja! ¡Esperemos!
¿Qué esperaba Glenarvan? ¿Se había enloquecido? No se engañaron, era un cóndor que se hacía cada vez más visible.