Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Asà que en principio no podÃan comunicarse con nadie, deseaban hacerlo aunque fuera con bandidos, con los que, seguro, la conversación habrÃa empezado a tiros. A pesar de no hallar indios a quienes interrogar, sucedió algo que alentó las esperanzas de los viajeros. En su ruta hacia el este habÃan cruzado varios senderos, pero ahora cortaban uno muy importante: el de Carmen a Mendoza, fácil de reconocer por las osamentas de animales domésticos: mulos, caballos, carneros y bueyes, destrozados por el pico y las garras de las aves de rapiña y blanqueados por la acción de la atmósfera, que bordeaban el camino; habÃa millares y sin duda algún carcomido esqueleto humano se confundÃa con el de los animales. Hasta entonces Thalcave no habÃa hecho ninguna observación sobre la ruta que seguÃan, aunque comprendÃa que no siendo una de las conocidas no los llevarÃa a ciudades o establecimientos de la pampa. Todas las mañanas salÃa hacia el este sin separarse de la lÃnea recta y todas las tardes el sol poniente se hallaba en la extremidad opuesta de esa lÃnea. DebÃa extrañarle a Thalcave no sólo no guiar, sino ser guiado; con todo, por la reserva caracterÃstica de los indios no hizo ninguna observación, pero al llegar a aquella importante huella, detuvo su caballo y le dijo a Paganel:
-El camino del Carmen.
-Lo sé, bravo patagón. El camino del Carmen a Mendoza.