Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur

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La jornada del 26 fue penosa, trataban de llegar hasta el río Colorado, así que forzaron los animales para lograrlo. Esa misma tarde alcanzaron las márgenes del magnífico río, que bien merece el nombre indio de "Gran Río". Lo primero que hizo Paganel fue bañarse en sus aguas rojizas, se sorprendió por su profundidad y el gran caudal que, proveniente de los deshielos, se dirigía hacia el océano. Era ademas tan ancho que los caballos no pudieron atravesarlo a nado. Afortunadamente, unos metros más adelante encontraron un puente colgante sostenido por correas de cuero, que les permitió cruzar a la otra orilla, donde acamparon. Paganel, antes de entregarse al reposo, dibujó el río Colorado en su mapa, no sin pensar en el YarouDzangho-Tchou que corría en el Tibet tan lejos de él. En los días siguientes, 27 y 28 de octubre, el viaje no ofreció mayores incidentes. El paisaje era igualmente monótono y desértico, la única diferencia fue la presencia de un suelo cada vez más húmedo; hasta tuvieron que atravesar cañadas y esteros, lagunas permanentemente cubiertas de plantas acuáticas. Al anochecer se detuvieron a orillas de una espaciosa laguna de aguas saladas que los indios llamaban "Lago amargo". Este fue testigo en 1862 de las crueles represalias de las tropas argentinas. Acamparon a sus orillas. La tranquilidad de la noche fue turbada por la sinfonía de los gritos de monos, titíes y perros salvajes.


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