Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Cerró la noche, iluminada sólo por las estrellas. El Guaminí corría silencioso como un raudal de aceite; todos los animales descansaban y el silencio se había apoderado del desierto. Poco a poco todos cayeron en el sueño; las últimas ascuas de la hoguera se apagaban; solamente Thauka permanecía de pie, bien firme, como si esperase la voz de su amo para lanzarse a la carrera.
Aproximadamente a las diez, después de un breve sueño, el indio despertó; sus ojos quedaron inmóviles bajo las cejas contraídas, sus oídos trataban de sorprender algún sonido. Una vaga inquietud se pintó en su semblante. ¿Había percibido la proximidad de indios merodeadores o de jaguares' u otros feroces
animales? Eso era posible; dirigió una rápida mirada al combustible que había acumulado y su inquietud aumentó. Era escaso para contener la audacia de las fieras. Thalcave esperaba los acontecimientos medio echado, pero serenamente atento. Pasó una hora, cualquier otro se hubiera vuelto a dormir, pero sus instintos sobrexcitados presentían un peligro.