Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Los lobos rojos lo perseguÃan a una velocidad extraordinaria. Glenarvan se desesperaba por la suerte del muchacho, pero Thalcave se sonreÃa con su calma acostumbrada.
-¡Thauka! ¡Buen caballo! ¡Niño valiente, se salvará!
-Y si cae?
-No caerá.
Glenarvan querÃa seguirlo, pero el indio le hizo comprender que en la noche no podrÃan encontrar sus huellas, ademas, ningún caballo alcanzarÃa a Thauka lanzado a la carrera. A las cuatro de la mañana, apenas empezó a despuntar el alba partieron ambos hacia el oeste, hacia donde habÃa ido Roberto y de donde debÃan llegar sus compañeros. Los dos jinetes galopaban a toda velocidad, esperando a cada instante encontrar el cadáver ensangrentado del pequeño héroe.
A la hora de la marcha oyeron algunos tiros repetidos con regularidad.
-Son ellos -exclamó Glenarvan.
Ambos espolearon sus caballos y no tardaron en reunirse con el grupo que comandaba Paganel. Un grito se escapó del pecho de Glenarvan al ver entre ellos al valiente Roberto vivo, montado sobre Thauka que relinchó de alegrÃa cuando distinguió a su amo.