Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur Pudo, no sin trabajo, sacar su mano de entre las del vigoroso comandante y entró en una animada conversación con él. Glenarvan se desesperaba por intervenir, pero el militar no dejaba de contar su historia en un francés bastante olvidado, semejante al de los negros de las colonias francesas. Desde 1828, fecha en que se erigió la fortaleza, no había salido de ella y ahora la mandaba con el beneplácito del gobierno. Se había naturalizado en el país y casado con una mujer india que entonces estaba dando el pecho a dos gemelos de seis meses, varones los dos; el comandante no había tenido ninguna niña, de lo que estaba muy orgulloso y esperaba darle al país toda una compañía formada con sus propios descendientes. Finalmente, luego de presentarles a sus hijos y a su mujer y de obligarlos a seguirlo hasta sus habitaciones, ante la impaciencia de todos se detuvo en su charla y les preguntó el motivo de su visita. Había llegado el momento de explicarse: ahora o nunca.
Paganel le refirió todo el viaje y terminó preguntándole por qué los indios habían abandonado la zona.
- ¡Ah! ... ¡nadie! -respondió encogiéndose de hombros-. ¡Nadie! ¡Nosotros brazos cruzados... nada que hacer!
-¿Pero, por qué?
-Guerra.
-¿Guerra?
-Sí, guerra civil.