Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur ¡No encontrábamos el camino de regreso! ¡El sol caÃa en el horizonte y no hallábamos la huella de nuestros pasos! El hambre cruel nos acosaba y resonaban en la espesura los gritos de las fieras... ¡Pero, no hay fieras y lo siento mucho!
-¿Cómo? -dijo Glenarvan-. ¿Siente que no haya fieras?
-SÃ, por cierto.
-Y no teme su ferocidad?
-CientÃficamente hablando la ferocidad no existe,
Esta expresión dio lugar a una cálida discusión entre Paganel y el mayor acerca de las fieras, la ferocidad
y su utilidad en la tierra. Glenarvan los interrumpió diciéndoles:
-Bueno, de cualquier manera, nos pasaremos sin á fieras en el árbol, lo que mejora nuestra situación.
-¿Acaso no le resulta cómoda esta situación? -preguntó asombrado Paganel-. En ninguna parte he estado nunca mejor, ni siquiera en mi cara. ¿Qué nos falta? Hacemos vida de pájaros, cantamos, revoloteamos. Empiezo a creer que los hombres han sido creados para vivir en los árboles.
-Como lo prueban sus alas -interrumpió el mayor con ironÃa.
-Un dÃa u otro las tendremos.