Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur A él le parecÃa imposible tener el Duncan tan cerca y no poder comunicarse con sus tripulantes; le asaltaba la duda de que no hubiese llegado, pero razonaba que del 14 de octubre en que habÃa partido de Talcahuano hasta el 12 de noviembre habÃa tenido tiempo suficiente para llegar; confiaba en el Duncan que era tan buen barco y en su excelente capitán. Pero lord Glenarvan no se consolaba, buscaba en la oscuridad a todos los que amaba, a su querida Elena, a Mary Grant, a los tripulantes y se lamentaba de que sus ojos no fueran capaces de atravesar la oscuridad. Recordó entonces que Paganel era nictálope, es decir que podÃa ver de noche; corrió a despertarlo. El pobre Paganel se levantó refunfuñando, casi dormido, lo siguió por la playa tratando inútilmente de ver alguna lucecita; como no hablaba, Glenarvan le miró los ojos y vio que caminaba junto a él dormido, entonces lo llevó a su agujero y sin despertarlo lo sepultó en la arena.
Apenas rayó el alba, los expedicionarios se levantaron al oÃr gritar:
- ¡El Duncan! ¡El Duncan!
- ¡Hurra, hurra! -corearon todos.
Era verdad, a unas cinco millas de la costa, mar adentro, el yate se mantenÃa a poco vapor, el humo de su chimenea se confundÃa con las brumas del amanecer; un barco tan grande no podrÃa acercarse más sin un gran peligro.