Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur habitaciones donde se durmieron esperanzados en un futuro mejor. Luego llamó al mayor MacNabbs y le refirió todo lo ocurrido; éste se admiró también de las virtudes de Mary y deseó, junto con lady Elena, el éxito de las gestiones de lord Glenarvan para solucionar el problema de los niños; sin embargo el temor y la desconfianza no le permitieron dormir en toda la noche. Al dÃa siguiente, ambos hermanos se levantaron muy temprano y se paseaban ansiosos por el patio del castillo esperando a lord Glenarvan. Lady Elena y el mayor salieron a recibir a lord Edward en cuanto oyeron el ruido del carruaje que lo traÃa de vuelta. ParecÃa estar triste, desanimado y furioso. Abrazaba a su esposa en silencio.
-¿Y bien, Edward? -exclamó lady Elena.
-Mi querida Elena, esos hombres no tienen corazón.
-¿Se han negado?
-¡SÃ! ¡Se han negado a enviar un buque! ¡Han hablado de los millones gastados inútilmente para salvar a Franklin! ¡Han dicho que hace ya dos años que han desaparecido y que hay pocas probabilidades de encontrarlos! Que si los indios los han hecho prisioneros, estarán tierra adentro y no se puede registrar toda la Patagonia para encontrar a tres hombres -¡tres escoceses!-y que podrÃan perderse más hombres que los que se iban a salvar. En fin, han dado todas las malas razones que su falta de voluntad les dictó. Recuerdan el proyecto del capitán Grant; el pobre está perdido para siempre.