Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -Pues bien, amigo Olbinett, me parece que ya es hora de desayunar. Hace treinta y seis horas que no he probado bocado,' o mejor dicho, hace treinta y seis horas que no hago otra cosa que dormir, lo que es muy perdonable para una persona que ha venido de una sentada de ParÃs a Glasgow. ¿A qué hora se desayuna?
-A las nueve -respondió maquinalmente Olbinett.
El extranjero quiso consultar su reloj, lo que consiguió sólo al meter la mano en su noveno bolsillo.
-Bueno, aún no han dado las ocho. Déme, pues, Olbinett, un bizcochito y un vaso de sherry*
para poder aguardar porque me estoy cayendo.
Olbinett oÃa y callaba sin comprender nada. Este desconocido hablaba él solo y saltaba sorprendentemente de un asunto a otro.
-Y bien, ¿y el capitán? ¡No se ha levantado aún! ¿Y el segundo? ¿Qué hace? ¿Duerme también? Menos mal que el tiempo es bueno, el viento favorable y el buque anda solo.. . De este modo hablaba cuando apareció John Mangles por la escotilla de popa.
-Aquà está el capitán -dijo Olbinett.
- ¡Cuánto me alegro de conocerlo, capitán Burton!
John Mangles quedó como quien ve visiones ante este desconocido que lo llamaba capitán Burton.
Pero el otro continuó sin darse cuenta de la situación.