Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur
Los Hijos del Capitán Grant en la América del Sur -Mi querido mayor -dijo lady Elena-, poco importa de dónde es la botella si no podemos saber de dónde viene.
-Ten paciencia, mi querida Elena -le respondió lord Edward-, algo podemos ya afirmar: viene de muy lejos. ¡Mira las sustancias petrificadas por el salitre del mar! ¡Este resto de naufragio permaneció mucho tiempo en el océano antes de sepultarse en el vientre del tiburón!
-Opino lo mismo -dijo el mayor-. Este envase, protegido por una capa dura como la piedra, ha podido viajar mucho sin romperse.
-Pero, ¿de dónde viene? -quiso saber impaciente lady Glenarvan.
-Espera, espera, mi querida Elena, las botellas requieren paciencia y estoy seguro de que ésta va a satisfacer nuestra curiosidad pronto. Mientras lo decÃa, raspaba las costras que protegÃan el gollete; apa-reció entonces el tapón deteriorado por el agua.
- ¡Qué pena! -dijo Glenarvan-ya que si encontramos algún papel va a estar sumamente arruinado por la humedad.
Todos temieron lo mismo. Era evidente que por estar mal tapado habÃa dejado de flotar y se habÃa sumergido, lo que hizo posible que el tiburón, hambriento, la devorara y que por esa rara casualidad hubiera llegado a bordo del Duncan.