Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -Sí, hermana -respondió el joven-. Llevamos la misma ruta y, por tanto, por donde yo pase, pasaras tu.
-Mañana, hermano, sabrás por qué he dejado las orillas del Báltico para ir mas allá de los Urales.
-No te pregunto nada, hermana.
-Lo sabrás todo -respondió la joven, cuyos labios esbozaron una triste sonrisa-. Una hermana no debe ocultar nada a su hermano. Pero hoy no podría... La fatiga y la desesperación me tienen destrozada.
-¿Quieres descansar en tu camarote? -preguntó Miguel Strogoff.
-Sí... sí... hasta mañana...
-Ven, pues...
Dudaba en terminar la frase, como si hubiera querido acabarla con el nombre de su compañera, el cual ignoraba todavía.
-Nadia -le dijo la muchacha tendiéndole la mano.
-Ven, Nadia -respondió Miguel Strogoff-y dispón con entera libertad de tu hermano Nicolás Korpanoff.