Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El yemschik se relevaba en cada parada. El que les tenÃa que conducir durante la primera etapa del viaje era siberiano, como sus caballos, y no menos peludo que ellos, con cabellos largos cortados a escuadra sobre la frente, sombrero de alas levantadas, cinturon rojo y capote con galones cruzados sobre botones en los que tenÃa grabada la marca imperial.
Al llegar con sus atalaj es habÃa lanzado una mirada inquisidora sobre los viajeros de la tarenta. ¡Sin equipaje! «¿Dónde diablos lo habrÃan puesto?», pensó, al ver su apariencia tan poco acomodada, haciendo un gesto muy significativo.
-¡Cuervos! -dijo, sin preocuparse de ser oÃdo o no-. ¡Cuervos a seis kopeks la versta!
-¡No! ¡águilas! -respondió Miguel Strogoff, que comprendÃa perfectamente el argot de los yemschiks-¡águilas, comprendes, a nueve kopeks por versta y la propina!