Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Sin embargo, esta importante cordillera que separa la Rusia europea de Siberia se encontraba todavía a una distancia bastante considerable y no podían contar con llegar allí antes del fin de la jornada. El paso de las montañas deberían hacerlo, necesariamente, durante la noche. El cielo estuvo cubierto durante todo el día y la temperatura fue, por consiguiente, bastante más soportable, pero el tiempo se presentaba extremadamente borrascoso. En aquellas condiciones hubiera sido quizá más prudente no aventurarse por las montañas durante la noche, y es lo que hubiera hecho Miguel Strogoff de haber podido detenerse; pero cuando en la última parada el yemschik le hizo observar los truenos que resonaban en el macizo montañoso, se limitó a decirle:
-Una telega nos precede siempre, ¿verdad?
-Sí.
-¿Qué ventaja lleva ahora sobre nosotros?
-Alrededor de una hora.
-Adelante, pues, y habrá triple propina si llegamos a Ekaterinburgo mañana por la mañana.
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