Miguel Strogoff
Miguel Strogoff El avance de la tarenta, debido al esfuerzo de Miguel Strogoff, no debía desaprovecharse. Fue este descanso dado a los caballos lo que permitió que éstos reemprendieran de nuevo la dirección. Arrastrados, por así decirlo, por los dos hombres, remontaron la ruta hasta una estrecha garganta, orientada de norte a sur, en donde quedaba al abrigo de los asaltos directos de la tormenta. El talud de la derecha hacía una especie de codo, debido al saliente de una enorme roca que ocupaba el centro de un ventisquero. El viento, pues, no formaba remolinos, y el sitio era sostenible, mientras que en la circunferencia de aquel centro, ni hombres ni bestias hubieran podido resistir. Y, en efecto, algunos abetos cuya extremidad superior sobrepasaba la altura de la roca, fueron arrancados en un abrir y cerrar de ojos, como si una gigantesca guadaña hubiera nivelado el talud a ras de las ramas.