Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Alcide Jolivet no preguntaba de una manera formal a Miguel Strogoff adónde iba, pero este, no queriendo disimular, respondió con rapidez:
-Voy a Omsk, señores.
-Pues el señor Blount y yo -prosiguió Alcide Jolivet-vamos un poco adelante, allá donde puede ser que encontremos una bala, pero también, con toda seguridad, noticias que atrapar.
-¿Van a las provincias invadidas? -preguntó Miguel Strogoff con cierto apresuramiento.
-Precisamente, señor Korpanoff, y es probable que no volvamos a encontrarnos.
-En efecto, señor -respondió Miguel Strogoff-, yo soy muy poco amante de los tiros de fusil y golpes de lanza y de naturaleza demasiado pacífica para aventurarme por los sitios donde se combate.
-Desolador, señor, desolador. Y, verdaderamente, no podremos sino lamentar el separarnos tan pronto. Pero al dejar Ekaterinburgo puede ser que nuestra buena estrella quiera que viajemos todavía juntos durante algunos días.
-¿Se dirigen ustedes a Omsk? -preguntó Miguel Strogoff, después de reflexionar unos instantes.
-Todavía no sabemos nada -replicó Alcide Jolivet-. Pero lo más probable es que vayamos directamente hasta Ichim y, una vez allí, obraremos según los acontecimientos.