Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -SÃ. Y conducirá su tren delantero con la mejor buena fe del mundo hasta Ekaterinburgo.
- ¡Cuando yo le decÃa, colega, que esto era de lo más chistoso!... -exclamó Alcide Jolivet.
-Señores, si quieren seguirme -dijo Miguel Strogoff-, nos reuniremos con mi carruaje y...
-Pero, ¿y la telega? -observó el inglés.
-No tema usted que eche a volar, querido Blount -replicó Alcide Jolivet-. MÃrela qué bien arraigada está en el suelo. Tanto, que si la dejamos aquà en la primavera próxima le saldrán hojas.
-Vengan, pues, señores, y traeremos aqui la tarenta -dijo Miguel Strogoff. El francés y el inglés descendieron de la banqueta del fondo, convertida de esa forma en asiento delantero, y siguieron a Miguel Strogoff.
Mientras caminaban, Alcide Jolivet, siguiendo su costumbre, iba conversando con todo su buen humor, que ningun contratiempo podÃa alterar.
-A fe mÃa, señor Korpanoff, que nos saca usted de un buen atolladero.
-Yo no he hecho más de lo que hubiera hecho cualquier otro en mis circunstancias, señores. Si los viajeros no nos ayudáramos entre nosotros, no habrÃa más remedio que eliminar las rutas.
-Como compensacion, señor, si va usted lejos en la estepa, es posible que nos encontremos de nuevo y...